Cuando me dijeron que mi madre tenía cabida en la Fundación Pita López, roce el cielo…su primera sesión de rehabilitación me resultó un bálsamo, era la primera vez en muchos meses que tuve la sensación de que había dado con el lugar y las personas adecuadas, después de tantas batallas de desgaste.
Son muchas las cosas que os debo agradecer en estos casi dos años, peor la que más y más profundamente recuerdo, ha sido la sensación de haber encontrado una familia para poder compartir esta carga tan incomprensible llamada Ictus